jueves, 23 de agosto de 2007

DISCO 16

Este es un cuento que escribí entre enero y julio del año 2007. Es la primera parte de una historia que mezcla suspenso, una dosis de humor y hasta una pequeña historia de amor.


DISCO 16

Todo comenzó un frío día de invierno del mes de agosto de 2005 en Buenos Aires, Argentina. Día típico para quedarse encerrado en la casa si las obligaciones te lo permiten. Las temperaturas en aquellos días no bajaban de los 10 grados en la hora del mediodía. La persona en cuestión miraba todo desde su ventana, a la gente que pasaba muy abrigada, los autos con los vidrios empañados por la calefacción. Lo vamos a presentar: Octavio Sanabria. El pasado diciembre había terminado la universidad, era un flamante analista de sistemas, un fanático de las computadoras y la tecnología, vivía para los artefactos electrónicos. Estaba un poco deprimido, se había quedado sin trabajo hacia siete meses; un trabajo que le encantaba, diseñaba programas para casas inteligentes. Se le había terminado la pasantita una vez terminada la facultad y los jefes decidieron no efectivizarlo.
Luego de estar veinte minutos apreciando el frío exterior, y al estar de vacaciones casi forzadas porque no conseguía trabajo y se negaba a trabajar de algo que no le iba a servir a su intelecto, decidió ponerse a hacer limpieza, a ordenar la decena de cajas que tenia en su dormitorio con cosas de su época de estudiante rebelde y con ideologías. Se sentó en la incomoda silla de su escritorio y tomó la primer caja en la cual gastó a lo sumo quince minutos; eran todos apuntes de su primer año de carrera. Miró un poco por arriba a los papeles y decidió tirar todo a la basura. Así siguió con el resto de las cajas, cada cosa que miraba, le parecía inútil guardarla hasta que en la caja numero siete encontró una cajita de color azul que le llamó mucho la atención. Se quedó mirándola fijo como si estaría recordando sin abrirla lo que contenía, como si adivinara el contenido de la misma. La miró por unos siete, ocho minutos hasta que la abrió, en ella encontró lo que suponía, aproximadamente veinte discos de computadora. Al ver esta caja azul, fue como si no hubiera otra de las cajas que pensaba revisar, para el lo único que había en el dormitorio era los discos, la computadora ultimo modelo que cada año cambiaba para tener lo ultimo en tecnología cibernética y la silla incomoda. No había mas nada, solo pensaba en el contenido, en la información o las cosas que podría haber encontrado luego de tantos años. Octavio ni se acordaba de esta caja, pero le iba a volver la memoria muy rápidamente, con ver que había en los discos.
Puso uno al lado de otro para decidir cual revisaba primero y luego de mirarlos como si fueran oro, lógicamente eligió colocar en la PC el que tenía el número uno. Una vez colocado, se dio cuenta que no había gran cosa, apuntes de la facultad, parciales que había bajado de Internet para poder estudiar menos y lo justo y demás cosas que no tenían ninguna importancia. Pasó al segundo y lo mismo y así con el resto. En un momento se frustró, se quedo fijo mirando los discos y al instante decidió tirarlos sin revisar mas nada, ya no quería ver que parcial había, que apunte encontraba, si ya los había leído muchísimas veces en su momento. Ya estaba guardando o tirando todo en una bolsa, cuando decidió ver uno más, un disco más y tiraria todo el resto. Sin ningún tipo de motivo eligió el disco numero 16. Cuando estaba viendo más de lo mismo, hojas de cálculo, textos larguisimos que ya no le producían nada, encontró una palabra que le llamo la atención: Inteligencia Privada. Era una carpeta que seguramente contenía algo interesante. Lo abrió sin pensar y encontró lo que suponía, era su más lindo y prospero proyecto. Octavio siempre había querido lograr un programa para infiltrarse en la red que el quisiera, bancos, oficinas de inteligencia, etc...Lo revisó muy por arriba y se dio cuenta que podía ser un éxito aunque le faltaban un par de detalles que con los saberes conseguidos en la universidad no le seria difícil terminarlo.
En cuestión de horas, ya lo había terminado, el programa de inteligencia ya estaba arreglado, ahora faltaba probarlo y decidió entrar al Banco Metropolitano. No iba a hacer nada malo, solo quería ingresar al sistema y sacar unos pocos pesos para ver el resultado. No fue nada difícil el primero reto, en tan solo cuarenta y tres minutos logró ingresar al sistema del edificio y mover a su cuenta dos mil pesos. Obviamente, a nadie en el banco le llamaría la atención el cambio, le saco dinero a una cuenta en la que había miles y miles de pesos, algún pez gordo que quien sabe en que negocios andará para tener tan abultada cuenta. Pensó en hacer mas cosas, algo mas importante pero la conciencia ya le estaba fallando. Hace apenas una horas no tenia trabajo, estaba en la casa encerrado mirando cajas con nada importante adentro, sin nada para hacer y ahora se encontraba con la posibilidad de resurgir, de poder hacer un poco de dinero con algo propio, algo que el mismo había diseñado. Pero tenia sus trabas éticas, cosas que le pasaban por la cabeza que le decían que no estaba bien aprovecharse de esa manera del milagroso invento que había encontrado luego de cinco o seis años, ya ni se acordaba cuando había diseñado el programa. En el medio le habían pasado muchas cosas de gran importancia
Octavio era una persona muy solitaria, vivía en un departamento de 2 ambientes en el coqueto barrio de Saavedra. Tenia una relación muy rara con la familia, con el padre tuvo y aun mantenía muchas discusiones sobre todo en torno a temas políticas. El padre había sido legislador del partido justicialista hasta el año 1976, cuando el sangriento golpe de Estado sacudió el país. Tenia una ideología peronista el extremo diferenciándose del hijo que aunque no le atraía mucho el tema político, se sentía un poco mas a la izquierda, sentía simpatía por los organismos de derechos humanos, aunque trataba de no demostrarlo mucho para no disgustar a su padre. Con la madre era totalmente lo opuesto, no había rastros de ninguna pelea desde que tenia uso de razón, la madre lo consentía en todo, aunque ya no era un bebé, para ella era como si lo fuera. Cada vez que iba de visita, ella le preparaba su comida preferida, le preparaba todo lo que a el siempre le había gustado, en síntesis, le daba todos los gustos.
Con respecto a sus amistades fuera de la familia, contaba con 4 amigos de verdad, pero solamente con uno solo hablaba seguido, Martín. Analista de sistemas y fanático de la tecnología como el, se pasaban horas frente a las computadoras buscando cosas y diseñando programas de cualquier cosa, de lo que se le ocurría. Con el resto de los amigos, hacia bastante que no hablaba, cada uno estaba en sus cosas, algunos estudiando y otros ya con familia. Solamente se juntaban todos cuatro o cinco veces al año, eran encuentros clásicos, empezaban contándose como marchaba la vida actual de cada uno y cuando ya iban por la cuarta ronda de tragos, alguno de los cinco empezaba a contar anécdotas de la juventud, de la época de secundaria. Terminaban siendo encuentros de varias horas hablando de cualquier tema, pero se demostraban que eran amigos de verdad, nunca peleaban por ningún motivo, no por chicas habían peleado, siempre coincidían.
Con respecto a las chicas de Octavio, podemos hablar de Laura, el amor que nunca pudo olvidar. Fueron novios tres años, en los cuales Octavio o el “gordito” como le decía ella, ya imaginaban una vida en conjunto. Se imaginaba en una departamento grande, no le gustaban las casa, con dos o tres hijos, con su mujer apoyándolo en todo, una vida sin sobresaltos y casi perfecta. Pero ese sueño de la familia propia se le desvaneció un día en el que la señorita en cuestión decidió irse a terminar sus estudios de abogacía a Londres dando por terminada la relación. Este fue un golpe casi mortal para Octavio, se le vino el mundo debajo de repente. Fue una noticia que nunca pensó en escuchar, hasta pensó en quitarse la vida tomando pastillas, pero como tenia que ser, justo cuando estaba casi inconsciente, llegó Martín. Era el único que tenia llaves de su casa. Apenas entró y lo vio tirado con el frasco de pastillas al lado, llamó a una ambulancia. Una vez en el hospital, le hicieron un lavaje y a las tres horas ya estaba descansando en su departamento al cuidado de su amigo. A partir de este acto, quedó la amista sellada para siempre ya que nadie se enteró de lo que había pasado, ni el resto del grupo, ni los padres de Octavio y mucho menos su ahora ex novia Laurita. Cuando ya casi estaba recuperado de su fallido intento de quitarse la vida, le hizo una promesa a su gran amigo; decidió no sufrir mas por amor. Los padres sospechaban que pasaba algo, porque de un día para el otro, Octavio no paraba de estudiar, día y noche, cursaba de mañana, volvía al departamento y no salía en toda la tarde, solamente estudiaba. Obviamente lo hacia para no pensar en su amor, que aunque no la olvidaba, se estaba manteniendo bastante bien de esta manera. Unas semanas mas tarde de la ruptura, tuvo que contarles la verdad a sus padres. Hubo reacciones distintas en ellos: mientras la madre se puso muy triste por la noticias ya que estaba muy encariñada con la chiquilla, así le decía ella, al padre no se le movió ni un pelo. Pensó que de esta manera su hijo se iba a recibir más rápido y con mejores notas. Y dicho y hecho, la carrera de analistas de sistemas estaba pactada para cuatro años y Octavio pudo conseguir el titulo en tres años y con honores, lo cual hizo poner muy orgulloso al padre.
A Octavio le gustaba salir a bailar pese a que no podía moverse ni para bailar un lento, pero tenia una personalidad bastante fuerte la cual lo hizo muy atractivo para las ocasionales señoritas que conocía en sus salidas nocturnas. Cuando se terminó la relación con Laura y empezó a frecuentar otra vez la noche, fue muy repetida la escena de despertarse al otro día con una señorita del otro lado de la cama, muchas veces sin siquiera acordarse de quien era y como había llegado allí. Estaba tomando mucho alcohol cada vez que salía y hasta se animaba a las drogas para escapar de un mundo que según el, lo había abandonado cuando decidió llevarse lejos a su amor. Creyó que a partir de los excesos se iba a poder olvidar de ella, pero cada día que pasaba era más fuerte su amor, cuando le pasaba la borrachera y su posterior resaca, no había un solo minuto en el que no pensara en Laura, su “gordita”, su compañera de tantas cosas. Hasta que hubo un momento en el que pudo olvidarse aunque sea por cinco minutos del dolor que tenia….
Estaba pensando cosas muy contradictorias, se le ocurrían muchas cosas que hacer con el programa mientras miraba el disco como si este fuera a hablarle o decirle que hacer con el.
Luego de pensar por el lapso de media hora aproximadamente, le quedaban dos opciones que no podía borrar de su mente. Una era romper el programa o guardarlo como un tesoro personal; pero que no cayera en manos de gente sin escrúpulos que podía llegar a usarlo para fines no recomendables. Se imaginaba viendo al programa en manos por ejemplo de algún poderoso político opositor a algún gobierno, revisando todo lo que hacia el presidente de turno o sus asesores o simplemente a algún pobre empresario que de un día para el otro pasaba a tener millones y más millones con solo usar programa una hora. La otra opción que le rondaba la cabeza era guardarse el programa, sacar provecho durante algún tiempo y luego guardarlo en la misma caja de la que lo había encontrado. Se dio cuenta que necesitaba descansar un poco, poner la cabeza en blanco, para después decidir que hacer con la “Inteligencia Privada”. Se recostó en su deshecha cama, y apenas apoyó la cabeza en la almohada se durmió. Era lógico dormirse tan rápido, había pasado sus cuatro horas mas agitadas de los últimos meses y solamente había encontrado un programa el cual nunca se había imaginado que le haría pensar tanto, que le podría incluso a cambiar la vida, dependiendo de cual fuere la decisión que tomaría respecto al uso que le iba a dar al programa.
Se despertó al otro día muy temprano, eran apenas las seis y cuarto de la mañana, se levantó de golpe al escuchar el teléfono. Como cada vez que sonaba, Octavio pensaba que era Laura, pero nunca se le cumplía el deseo; esta vez era su madre, muy preocupada por el estado anímico de su hijo. La conversación duró milagrosos minutos, le cortó tan rápido que ni el lo podía creer. Cada llamada de su madre podía llegar a durar veinte minutos como mínimo. Pero este día que recién empezaba era distinto, a partir de esa mañana era posible que empezar a cambiar su vida, para bien o para mal, solamente tenia que decidir que hacer con el “bendito” programa. Se tomó su tiempo para pensar, se duchó muy tranquilamente, total no tenia otra cosa que hacer en el día, luego del baño desayunó muy pacíficamente y cuando ya no le quedaban mas excusas para hacerlo retardar en lo que debía hacer, se sentó en su incomoda silla y se puso a mirar el disco.
Luego de exactos diez minutos de mirarlo como si fuera un hijo, pegó un grito, eso quería decir que la decisión estaba tomada y que ya no había chances de que cambie de opinión. Cada vez que Octavio pensaba y pegaba el grito no había manera de que nada ni nadie le haga cambiar de idea. La escena fue muchas veces registradas, el famoso grito cada vez que Octavio tenia que decidir algo, algún examen complicado en la universidad en el cual tenia que pensar mucho, solo bastaba un grito para demostrarse que esa era la respuesta correcta. El creía que si pegaba el grito nada podía fallar, aunque esta era una decisión mucho más difícil que una simple pregunta de parcial. Era para decidir si pasaba a ser un posible millonario o un pobre tipo decidido a seguir llorando por un viejo amor que seguramente ya ni se acordaba de el y ya estaba en alguna nueva relación con algún muchacho londinense. Tuvo sus fundamentos para la decisión que había tomado, ya no quería ser un simple empleado ni depender de nadie, ya basta de pedir pedidos de aumento y hasta algunos pedidos de dinero a sus padres. El quería ser su propio jefe y si era necesario, tener sus empleados a quien darle ordenes. Se sentía completamente capacitado para dirigir una organización. Sentía que a partir de ser un tipo mas poderoso (creía que tener dinero era ser mas poderoso, muy errado no estaba), iba a ser muy exitoso y por lo tanto, iba a conocer mucha gente de alto nivel, empresarios, políticos y lo que mas le interesaba a el, chicas hermosas que se derretirían a sus pies o mejor dicho a su billetera. Hasta pensó en que mientras mas chicas conociesen su cama mas se olvidaría de Laura y aunque estaba convencido que no seria así, juró intentarlo, tenía aunque no sabia si quería olvidarse de esa relación. Después de pensar todo lo que no quería ser y de lo que iba a hacer a partir de ahora, dijo en voz alta para que lo escuchen, aunque no había nadie en el departamento: “Voy a ser un tipo exitoso lleno de dinero!!!”.
Apenas terminó de decir la frase, ya estaba introduciendo el disco en la computadora para empezar lo que el suponía que iba a ser el cambio de su vida, que lo iba a depositar en otro nivel.
Quería algo fácil para el comienzo, algo que no le lleve mucho trabajo hacerlo y como el día anterior entro en el sistema de seguridad de un banco. No quiso entrar en el Metropolitano para no levantar sospechas, porque quería algo más de los dos mil pesos del día anterior. Revisó una guía de bancos y eligió por el nombre, quería algo pintoresco, y se decidió por el Banco de Suiza. Le fue muy fácil entrar al sistema y hacer una transacción a una cuenta suya. Fue una suma mayo a la anterior, giró a su cuenta diez mil pesos.
Así comenzó la nueva vida de Octavio, en el lapso de dos semanas ya contaba con casi medio millón de pesos, había entrado en una veintena de bancos, nacionales y extranjeros. Ya no le importaba mucho donde entrar con su maravilloso programa, el solo quería mas y mas dinero. En el famoso Banco de Ginebra, mundialmente reconocido por tener únicamente clientes multimillonarios, había hecho su mas grande golpe hasta el momento, extrajo de la cuenta de un magnate ruso relacionado con la venta de niños asiáticos, la nada despreciable suma de cincuenta mil euros, casi doscientos mil pesos.
A todo esto, el antes pobre tipo ahora futuro millonario no se conformaba con tener más dinero, quería intentar cosas nuevas aunque estas no le den un rédito económico. Con el dinero ya conseguido decidió apartarse de los bancos por un tiempo y comenzar a husmear en otros ámbitos. No quería que se empiece a sospechar de las mágicas transacciones entre bancos aunque por adentro deseaba que se hable de lo que hacia, de que había alguien con la posibilidad de introducirse en los sistemas bancarios mundiales y hacer lo que se le plazca con el dinero de la gente. Le interesaba y le daba gracia la idea de algún día abrir un diario y que aparezca la noticia de que alguien estaba robando dinero virtualmente. Pero así y todo, decidió apartarse del romance que mantenía con los bancos y partir hacia otros rumbos.
Sintió la necesidad de contarle su nueva vida a alguien, con quien compartir lo que estaba haciendo, que alguien vea que ahora era alguien, que iba camino a ser importante, poderoso y demás cosas que Octavio pensaba.
La pregunta era a quien contarle y se puso a enumerar las distintas posibilidades: A los padres los descartó sin pensar, nunca entenderían y menos aceptarían lo que hacia. Después pensó en Laura, sintiendo que podía llegar a tener una posibilidad para volver ahora que tenia dinero y proyección de hacer casi lo que quería. Pero también descartó a su ex novia, a ella no le agradaba el dinero mal ganado, le interesaba lo hecho con esfuerzo y dedicación. Se acordó de Martín, su gran amigo, el que le había salvado la vida aquella tarde en la que volvió a estar soltero, pero este tenia muchas restricciones éticas en cuanto a todo lo ilegal, todo lo que sea por izquierda. Tras un rato de pensar a quien contarle las maravillas que según el estaba haciendo, no encontraba una persona confiable que le guarde y hasta le comparta si le interesaba la idea del programa.
Se deprimió un poco al ver que no tenia gente cercana que lo respalde en este crucial momento y decidió ir a caminar, a pensar un poco en los próximos pasos, y a pensar si iba a ver próximos pasos, ya que al verse sin ninguna compañía hasta le rondaba en cabeza la idea de dejar todo como estaba, total no podía compartirlo con nadie, no le encontraba mucho sentido el tener mucho dinero y poder tener lo quería si al fin de cuentas iba a estar muy solo, salvo por acompañantes femeninas ocasionales.
Caminó mucho por su barrio y decidió parar un poco de pensar y entrar en un bar a tomar una cerveza y para tratar de no pensar en el que ya no veía como su maravilloso y salvador invento; mas bien ya lo sentía una carga, una carga pesada el tener mucho dinero y no poder gritarlo, no poder hacer gastos grandes por el momento, porque cualquier cosa que hiciese podía levantar algún sospecha. Cualquiera que lo conocía pensaría “Y este de donde saco el dinero para este auto si hace 8 meses que no trabaja” o peor, “Este pibe en alguna cosa rara anda”.
Decidió pisar el freno un poco y pedir otra cerveza, al rato, y habiendo pasado varias botellas más, ya se sentía un poco mareado y pensaba en cualquier cosa menos en la “Inteligencia Privada”. Ya llegaba el momento en que se le dificultaba hablar o hacer cualquier acción por el alcohol, y decidido a irse al departamento a dormir para que se le pase el estado en el que se encontraba, cuando se le sentó un hombre en la mesa.
Octavio lo miro como pudo a este hombre de pelo bien blanco y barba desprolija y luego de intentar descifrar quien era, el misterioso hombre comenzó a hablar. Había sido profesor de Octavio en la universidad, uno de los mejores según la opinión de casi todos los alumnos, incluidos Octavio y Martín. Muy respetado en el ambiente académico y con muchas relaciones con el poder político que gobernaba en el país. En la universidad siempre se sospechaba que andaba en negocios raros, pero nadie nunca se animó a investigar al famoso profesor Jaime Salaverry. Imponía muchísimo respeto en el aula, nunca nadie lo interrumpía cuando el hablaba, solo cuando el preguntaba se podía hablar.
Una vez ya sentado en la mesa del bar, el profesor quiso entablar una amistosa conversación cuando rápidamente se dio cuenta que en el estado en que se encontraba su ex alumno no iba a ser nada fácil así que luego de las clásicas preguntas de cómo andaba y demás temas obvios, le dejó su tarjeta para que algún día cuando este sobrio, si tenia ganas que lo llame para tomar un café, nada de alcohol. Octavio leyó la tarjeta, la guardó como pudo en su campera y partió hacia su casa. Una vez en su departamento fue directo a su cama quedándose dormido mucho mas rápido que la noche anterior cuando había encontrado el motivo que le salvaría o le destruiría la vida.
Se despertó por la luz que entraba por la rendija de la persiana. Obviamente, era el mediodía, y se le partía la cabeza por todo el alcohol que había tomado en el bar tratando de distraerse. Lo primero que hizo cuando tuvo fuerzas fue darse una ducha que le hiciese pasar un poco la resaca y luego de esto un café muy negro para terminar de despertarse. Luego de algunas horas en las que no tenia ganas de nada salvo de dormir encontró la tarjeta que le había dejado Salaverry el día anterior. Ni se acordaba de haberlo visto, el último registro que tenia de él, era del día de su graduación. Pensó un poco y decidió llamarlo para ver que quería el profesor. Lo llamó y quedaron en juntarse a las cuatro de la tarde en el mismo bar de ayer y el profesor hasta se dio el gusto de hacerle un chiste referido al alcohol. Se dio otro baño, este un poco mas largo que el anterior, y emprendió el viaje al bar con un poco de curiosidad por encontrarse con el profesor. Mientras caminaba, pensaba de que podían llegar a hablar y que podía traer en mente el Jaime. Cuando faltaban dos cuadras para llegar al bar, se le vino a la mente el íntimo programa “Inteligencia Artificial” y pensó si Salaverry podía llegar a ser una persona confiable para contarle lo que había descubierto. Una persona con altísimos conocimientos en la materia lo podría aconsejar sobre el uso que podía darle al invento.
A escasos metros del bar, tomo una decisión, iba a escuchar atentamente al profe para ver si le podría convenir hablar del programa. Una vez adentro, lo vio ubicado en una mesa del fondo, caminó hasta ella con un poco de nerviosismo y cuando se paró delante de el, dudó un poco en como saludarlo o entablar una mínima relación con el y tímidamente le estiró la mano para terminar en un fuerte apretón.
Se acomodo en la silla de enfrente y empezaron a charlar de temas totalmente sin importancia; vida personal, laboral, sentimental y demás cosas sin importancia. Octavio solo pensaba si decirle lo del programa pero no estaba totalmente seguro, hasta que el profesor le dijo que estaba retirado de toda participación política y que ya estaba jubilado, solamente daba algunas clases en la universidad pero solo por placer. Esto lo decidió a contarle todo sobre lo que había diseñado en su humilde departamento durante su adolescencia.
Le contó todo de una, casi sin respirar le despacho toda la información del programa, que podía entrar en cualquier sistema informático, vinculado a temas financieros y políticos. Jaime escuchaba todo muy atento, como dudando de lo que escuchaba y le pidió una prueba del funcionamiento, quería que ingresara a algún sistema para ver el desarrollo del mismo.
Octavio, luego de pensarlo cinco minutos, accedió a la prueba y le dijo que le de anotado en un papel el numero de la cuenta bancaria que usaba para hacerle la demostración. Le dijo al profesor que mañana revise su saldo. Que iba a tener una sorpresa monetaria. Hablaron un ratito mas pero los dos ya pensaban en otra cosa por lo que decidieron dar por finalizada la charla y retirarse.
Una vez caminando, Octavio pensaba en que consistiría la demostración, de donde sacar el dinero y lo más importante, el monto que le iba a depositar para que el profesor viera que no era mentira lo que había escuchado y que era un programa alucinante mire por donde se lo mire.
Una vez que llegó a la casa, tenía todo armado en su cabeza. Sacaría quince mil pesos del Banco del Litoral. Se recostó un rato en la cama pensando pero no podía apartarse de lo que tenia que hacer, la gran prueba y fue directo a la computadora. Hizo todo el proceso en aproximadamente tres cuartos de hora, luego de ese tiempo, el profesor ya tenia el dinero en su cuenta, como por arte de magia, y solo ellos dos sabían el origen de la transacción.
Finalizada la demostración, había que esperar al otro día a que Jaime revisara el saldo y se sorprendiera por el monto que figuraba. Pensando esto, Octavio se recostó en su cama pensando en lo que podía llegar a venir si entre los dos podían usar el programa, el por ser el autor y el profe por los conocimientos que tenia de su casi eterna trayectoria. Como venia haciendo hace unos días, después de usar el programa, se fue a dormir, como si teclear comandos por media hora, lo cansara. Apoyó la cabeza en la almohada y esta vez fue distinto, no se durmió rápido como los otros días, esta vez se puso a pensar en todos sus conocidos, en que pensarían sus padres, Martín y principalmente Laura, si sabrían en que se estaba metiendo; ninguno estaría del todo de acuerdo en poder hacerse millonario robando, por que lo que estaba haciendo era lisa y llanamente un robo y el lo sabia eso, pero quería demostrarse que podía triunfar y esto era el comienzo. Y luego de esto, el sueño pudo más…
Al otro día, apenas se despertó y antes de desayunar o ducharse, lo primero que hizo fue llamar a Jaime para ver que le había parecido la demostración. Cuando lo atendió, casi sin saludarlo, lo citó de inmediato al bar, argumentándole que tenían que charlar de forma urgente sobre lo sucedido.
Octavio se quedó un tanto preocupado, no sabia que pensar, no se imaginaba que quería con tanta urgencia, era obvio que se trababa del programa y de la gran demostración pero sentía que había algo mas de fondo. Se duchó, desayunó como tenia previsto, de forma muy tranquila, tomándose su tiempo, y emprendió el camino al bar.
Cuando llegó, vio que todavía no había llegado, se sentó en la mesa del fondo a esperarlo; pidió un café con un tostado pese que venia de desayunar, pero los nervios le daban un poco de hambre. Cuando se prestaba a comer, llegó el profe. Luego de un saludo mucho más formal que el del día anterior, se pusieron a hablar de la demostración que le había hecho Octavio. Estaba maravillado Jaime con lo sucedido, no podía creer que una persona en su adolescencia y sin estar en la universidad pudiese diseñar semejante programa. Lo elogió como a el le hubiese gustado ser elogiado y Octavio se dio cuenta que había algo que no entendía del todo y se hacia el desentendido, era lógico, no quería darse cuenta de lo que pasaba.
Siguieron hablando de las maravillas que el programa podía realizar, hasta que se escuchó la frase mágica de boca del respetado profesional. “¿Cuánto querés por el disco?” . A Octavio esa frase pareció taladrarle el cerebro, no podía ni quería creer lo que estaba escuchando. Y reiteró la pregunta, ya en un tono más seco y un volumen un poco mas elevado. No le gustó el tono de la pregunta y simplemente contestó que no lo pensaba vender, que no había precio, que era invaluable, cosa que era cierto con las cosas que se podía hacer con el programa. La cara de Jaime ya daba un poco de temor cuando ofreció una cifra, un millón de dólares en efectivo. Octavio casi sin inmutarse y de inmediato contestó con un “no” seco y cortante y decidió dar por terminada la charla y la incipiente relación que había entre los dos. Pero antes de marcharse, el profesor soltó otra frase, un poco mas intimidatoria: “Lo único que te digo es que tengas mucho cuidado, pasan muchas cosas estando solo por la vida”. Salió con un aire sobrador del bar, pero estaba muy asustado por esta última frase, no podía creer que la persona a la cual le había regalado quince mil pesos la noche anterior lo estaba amenazando. Una vez en el departamento, fue directo a su querida silla incomoda y decidió hacer uso del programa por ultima vez. Un último uso, del cual terminaría siendo millonario y destruyendo el programa para que se termine todo y nadie más lo atormente con amenazas. Pensó en Jaime, en que pensaría cuando se entere que “Inteligencia Artificial” ya no existía y que la amenaza del bar ya no tenia sentido. Decidió llamarlo para contarle lo que iba a hacer, una vez conversando, el profesor lo sobraba como pensando que Octavio le iba a vender el disco, cuando escuchó de forma muy seca y cortante “El programa no existe mas, lo acabo de borrar”. Obviamente el profe no le creía, pero eso a Octavio no le importaba, sabia que al otro día no existiría mas y era en serio, ya no soportaba el peso de una amenaza mas y eso que había sido una sola. Apenas soltó la frase, le cortó el teléfono y se puso rápidamente a realizar el último golpe con el programa.
Ya lo tenía todo pensado, sacaría de cada banco del país, una suma que juntándola toda en una o varias cuentas, para que no levante sospechas, le permitiese vivir tranquilo por un largo tiempo. Estaba todo pensado menos la suma, hasta había decidido que se iba a mudar, que se iba a comprar con el dinero y hasta había pensado en irse a Londres a ver a Laura. Pero aun faltaba decidir la suma, se le venían muchos números a la cabeza pero ninguno lo conformaba, algunos le parecían mucho y otros le parecían una suma chica. Tras un rato de pensar y no poder decidir, se recostó a meditar en la cama, a ver si estando un poco más cómodo le ayudaría a terminar el asunto. Cuando estaba a punto de dormirse se escucho su clásico grito que le despejaba toda duda. Ese grito significaba que ya estaba todo cerrado, ya tenia la cifra que retiraría de cada banco. Se sentó en la incomoda silla y empezó a abultar de a poco su cuenta. Como tenia cajas de ahorro en tres bancos, decidió repartir el dinero en partes iguales en cada una. Tenia todas sus cuentas vacías, una de época de adolescente, donde guardaba el dinero que le había dado como premio a recibirse su padre, otra donde le depositaban el sueldo cuando trabaja y la tercera la abrió un día cuando había tomado la decisión de proponerle casamiento a Laura, para ir ahorrando, pero nunca pudo depositar ni un solo peso por temas ya conocidos. Decidió comenzar a llenar las cuentas, iba tachando de una lista a los bancos ya ingresados. Cada vez que ingresaba a un sistema bancario, se le dibujaba una sonrisa en la cara, todavía se asombraba con la facilidad con la que ingresaba a donde quería. Luego de cuatro horas frente a la computadora había terminado, había ingresado a todos los bancos argentinos y había hecho una transacción a alguna de sus cuentas. De cada uno extrajo cincuenta mil pesos, y en la lista de bancos figuraban cuarenta y tres instituciones con lo cual había extraído la nada despreciable suma de dos millones ciento cincuenta mil pesos divididos en tres cuentas, o sea, un poco mas de setecientos mil pesos en cada una. Después de comprobar que en cada cuenta este el nuevo saldo, le agarro un ataque de risa, ya se sentía otro hombre, dispuesto a vivir una nueva vida, sin presiones de dinero, de trabajo, solamente haciendo lo que quería. Ya recostado en la cama otra vez, y pensando en las cosas que iba a comprar, se acordó que esta había sido la ultima vez que utilizaba el programa y tenia que romperlo, pero no se atrevía a esto, pensaba que tal vez lo necesitaría en algún momento. Luego de mirar el disco por un tiempo largo, decidió borrarlo, pero al día siguiente, necesitaba dormir, estaba extenuado. Para variar, apenas apoyó la cabeza en la almohada, se durmió, no se esperaba lo que se le venia al día siguiente….
Se despertó al otro día muy tarde, casi al mediodía, y sorpresivamente, se levantó de un excelente humor, algo raro en él por las mañanas. Una vez despabilado, se puso a revisar los saldos de sus cuentas por Internet para ver si todo lo que le había pasado el día anterior no había sido un sueño. Pero rápidamente si dio cuenta que era todo verdad, en cada cuenta figuraba lo que se había depositado con el sistema mágico. Luego de ver esto, se puso de mejor humor, se dio una ducha, un breve almuerzo y se fue de compras, quería gastar un poco del dinero que había conseguido.
Empezó a caminar en dirección al centro comercial, cuando comenzó a sentir miradas, como si lo estarían siguiendo, vigilando de cerca. Caminó sin dirección concreta para comprobar si era verdad la persecución y efectivamente, tenia un hombre en la vereda de enfrente atento a cada movimiento. También notó que había otro hombre a unos diez metros de distancia de el, siempre por detrás, siguiéndolo sin perderlo de vista.
Octavio se estaba poniendo nervioso, nunca antes en su tranquila vida lo habían seguido y hasta ya estaba imaginando que en cualquier momento lo secuestrarían y le pedirían rescate a los padres; ya se estaba armando una película de ciencia ficción en su cabeza cuando decidió meterse en un bar para tratar de tranquilizarse un poco. Se metió en el primero que vio, eligió la mesa mas cerca de la ventana así podía ver si seguían estos hombre muy cerca y pidió lo clásico, un café con un tostado. Mientras esperaba el pedido se puso a pensar quien lo podía estar siguiendo, se le vino a la mente un solo nombre: Jaime Salaverry. No podía ni quería creer que el profe fuera tan peligroso, que lo mandase a vigilar por el solo hecho de no haberle vendido el programa. Nadie más en el mundo conocía el programa, nadie sabía que ahora era un nuevo millonario, solamente Jaime.
Tenia que pensar algo y muy rápido, una manera de zafar de la situación que imaginaba que le pasaría. Creía que lo iban a seguir hasta que entregase el disco para que otros se llenaran los bolsillos o peor, que penetraran los sistemas de inteligencia nacional para investigar a las personas que estaban en el poder.
Después de pensar un largo rato y de haber pegado su acostumbrado grito que definía todo, tomo la decisión de que le iba contar todo a Martín. Creía que lo iba a poder ayudar, que alguna idea iba a tener para salvar a su gran amigo, pero lo que lo terminó de definir fue que estaba seguro que su compañero de toda la vida no lo iba a defraudar, no le iba a dar vuelta la cara.
Pagó la cuenta y se fue muy rápido y casi sin mirar al departamento para poder ubicar a Martín. Parecía no importarle que lo estén siguiendo los matones de Salaverry. Llegó a la casa y fue directo al teléfono para ubicar a su amigo. Apenas lo atendió, le contó que necesitaba hablar con el en forma urgente, que le habían pasado cosas muy importantes en los últimos días, cosas buenas y malas, y que quería contarle todo porque precisaba ayuda y que en él solo confiaba. Y antes de cortarle y escuchar que Martín saldría para su casa le dijo: “Tengo miedo de que me pase algo”. Después de esta frase hubo un silencio entre ambas partes y quedaron en que Octavio no saldría de la casa hasta que el no llegara.
Después de largar el teléfono, no sabia que hacer para que la espera fuera mas corta; no quería estar solo, sentía miedo. Se asomó por la ventana con mucha discreción y vio como uno de los matones lo miraba desde un auto. Estaba completamente vigilado, solo había visto a dos matones pero suponía que serian mas personas las que lo espiarían y estarían atentos a todo.
Se recostó esperando a Martín, pero estaba muy nervioso como para descansar, igual no tardaría mucho en llegar, a más tardar en veinte minutos mas estaría en su casa escuchan la historia del disco 16.
Un rato mas tarde sonó el timbre, Octavio se asustó, estaba medio adormilado, fue hasta la puerta, miró por la mirilla, vio a su amigo, pero igualmente preguntó quien era; cuando se convenció de que era, abrió la puerta, lo agarró del brazo y lo metió rápido para casa así podía cerrar la puerta. Una vez adentro, se dieron un abrazo tan fuerte que parecía que algo trágico había pasado. Después de esta escena emotiva, se sentaron uno a cada lado de la mesa para charlar de lo que pasaba. No iba a ser una charla, seria un monologo de Octavio contando hasta el ultimo detalle de sus últimos días. El primero que abrió la boca fue Martín, pero para darle una orden. De una le dijo: “Contame todo ya”. Y a Octavio no le quedó otra que largarse a contar todo….
Luego de casi cuatro horas de conversación, Martín ya sabía toda la historia, del disco, del dinero extraído de los bancos, del encuentro con Salaverry, de la posterior amenaza y de los matones que seguían a Octavio. No lo podía creer, el también imaginaba todo como una gran película, pero lamentablemente no era así, estaba sucediendo de verdad. Como buen amigo que era, le prometió toda la ayuda necesaria, entre los dos saldrían de este problema vivos, con o sin disco, pero vivos. Octavio estaba mudo, ahora le tocaba hablar y pensar a su amigo. Después de un rato de pensar y que nada mas se les ocurran cosas totalmente sin sentido, Martín sugirió que haga un viaje, largo, a cualquier parte, pero fuera del país, por ejemplo de dos meses como mínimo, cosa que Salaverry se olvide o simplemente se resigne a tener el disco. A Octavio no le pareció mala la idea salvo por una cosa, el no se iría solo a ningún lado, o Martín lo acompañaba o se quedaba encerrado en su cuarto hasta que vengan los matones a sacarlos a patadas. Martín dudaba de esta condición pero había prometido ayudarlo y aceptó acompañarlo en su travesía. Ahora faltaba la otra parte importante, buscar un lugar donde poder estar. A Octavio no se le ocurría otro lugar que Londres, solamente para ir a ver a Laura, pero a su compañero de viaje no le parecía nada bien esa opción, quería algo mas cerca, algo mucho mas cerca. Discutieron, pero en buen tono, distintos lugares, cuando de repente, vieron como entraba un sobre por debajo de la puerta. Octavio fue corriendo a recogerlo, no tenia remitente ni nada que identifique quien mandaba ese sobre, pero era obvio que se trataba de otra maniobra intimatoria del profe. Una vez abierto, se dieron cuenta que había una sola hoja de papel con una frase escrita: “Danos el disco o pasas a mejor vida”. Apenas leyeron esto, rompieron el papel, y decidieron que esa misma noche debían partir hacia cualquier lado. En ese momento, Martín se acordó que tenía unos tíos en el Paraguay, que gustosamente los recibirían sin preguntas, y si preguntaran algo, la respuesta seria obvia, estaban de vacaciones. Octavio, luego de pensarlo por muy poco tiempo, acepto ir al país vecino; lo pensó poco, no tenía otras alternativas, estaba casi en manos de su amigo.
Una vez decidido el destino, Martín llamó a sus tíos para avisarle que mañana estarían por ahí de visita de vacaciones por un tiempo y obviamente, fueron aceptados con gusto; eran totalmente bienvenidos en esa casa. Ya estaba todo armado cuando de repente a Octavio se le ocurrió pensar que Jaime podía tener contactos en la frontera y que no los dejarían salir del país, pero una vez mas, Martín lo sorprendió y le solucionó todo. Le pidió el teléfono, hizo un par de llamadas, y en quince minutos, había arreglado el casi último problema. Había sacado los pasajes en avión en primera clase y consiguió unos documentos truchos con falsas identidades para poder salir del país sin problemas. Octavio no lo creía lo que le estaba contando y cuando iba a meter un bocadillo, Martín lo calló y le dijo que los documentos falsos salían cien mil pesos, que debían cancelarlos en una hora, que era el tiempo en que serian entregados los mismos. Ese no seria problema, aparte de tener mas de dos millones en tres cuentas tenían el disco, por si les faltaba dinero, así que prendió la computadora, pero esta vez no haría falta robar de ningún banco, simplemente una transacción de una de las cuentas de Octavio a la cuenta del mafioso que le armaba los documentos. Una vez realizado el pago, solo restaba esperar, en un rato estarían los documentos y los pasajes aguardarían directamente en el aeropuerto. Se recostaron un rato, Martín en la cama y Octavio en un sillón cuando se dieron cuenta que seguían surgiendo problemas que tenían que resolver antes de irse. Ahora faltaba arreglar como iban a salir del departamento y llegar al avión sin que los matones los siguieran. Pensaron y pensaron hasta que a Octavio se le ocurrió una idea un poco delirante pero necesitarían ayuda de un tercero y eligieron al encargado del edificio para que les simplifique la salida del departamento. Aceptaría muy a gusto a cambio de unos billetes. Lo fueron a buscar su departamento, le contaron como seria el plan y cual seria el monto que le iban a pagar y obviamente, por ese precio no podía negarse a nada. Cinco mil pesos por pasear un rato por la ciudad en remise. Una vez conseguida la tercera persona, la que serviría de distracción para los matones, finalizaron los problemas. Pedirían dos remises, uno para las seis y otro para las seis y cuarto. En el primero iría el encargado un poco disfrazado con ropa de Octavio para que los matones lo sigan y en el auto que llegaría quince minutos después, irían ellos dos directo al aeropuerto. Luego de repasar el plan entre los dos varias veces, lo dieron por finalizado y se sentaron a esperar la hora marcada. No llevarían ropa ni nada, solamente los nuevos documentos, las tarjetas de Octavio, un par de cosas de Martín y por supuesto, el problemático disco.
Al ratito llegó el sobre con sus nuevas identidades, las trajo un chico de no más de quince años, para no sospechar. No quisieron abrir el sobre hasta que hayan llegado hasta el mostrador de migraciones. Lo guardaron casi con más cuidado que al disco. Solo faltaba un rato para la prueba de fuego.
Faltando cinco minutos para las seis, tocó la puerta el encargado diciendo que ya estaba listo y justo en ese momento, sonó el timbre. Era el primer remise, el anzuelo para poder escapar, se cambio la ropa muy rápido el portero, se puso la ropa que tenia puesta Octavio, y se tapó un poco la cara con un gorro y una bufanda y bajó. Se quedaron mirando los dos por el costadito de una ventana para ver si resultaba la primera parte del plan; los matones estaban medio cabeceando ya por no hacer nada en horas cuando vieron salir a “Octavio” de la casa, meterse en el auto y salir en una velocidad que no era la que se usaba para salir a pasear, si no para escapar. Apenas arrancó el auto, los matones salieron mas rápido aun siguiéndolo. Aparentemente no quedaba nadie, no veían nada raro, ninguna persona sospechosa de vigilarlos cuando de repente llegó el segundo coche, el que los llevaría directo al aeropuerto. Bajaron como si nada pasara, subieron al coche, y emprendieron viaje.
A los veinte minutos de viaje, se dieron cuenta que el plan era un éxito, nadie los seguía. Los matones estarían totalmente furiosos por haber encontrado el encargado vestido de Octavio volviendo con el remise al edificio mientras ellos disfrutarían el camino al avión.
Todo venia bien, en aproximadamente diez horas, estarían en Paraguay, en el desconocido pueblo de Bahía Negra.
El plan resulto un sorprendente éxito. Ya estaban disfrutando de las comodidades del avión camino a Paraguay sin que nadie los siguiera. Tenían otros nombres pero eso no les importaba. Octavio ahora era Alejandro y Martín por el momento se llamaba Carlos pero ni lo usaban, cuando la azafata les preguntó el nombre ellos dieron su nombre verdadero, no el falso. No sabían mentir, no les salía muy bien. En el mostrador del aeropuerto se habían puesto nerviosos porque cuando pidieron los pasajes lo hicieron a nombre de Octavio Sanabria y no bajo la nueva identidad, pero tuvieron la suerte de que el muchacho que los atendió era el primer día que trabajaba en la aerolínea.
Luego de cinco horas, ya estaban en suelo guaraní esperando al tío de Martín que los venga a buscar para llevarlos a la casa supuestamente a descansar después de una dura temporada de trabajo de ambos. Habían quedado que no contarían nada a nadie de lo que estaba pasando. Una vez que llegaron, y de los abrazos y saludos de cordialidad emprendieron el viaje a Bahía Negra, un trayecto que se le alargaría unas tres horas de auto, pero a ninguno de los dos le importaba cuando demorarían en llegar.
A la tardecita, ya estaban instalados en la humilde pero atractiva casa, compartirían cuarto, había un baño para todos; era muy familiar el ambiente, muy calido.
Octavio, luego de guardar sus pocas pertenencias y de colocar el disco en un lugar donde nadie lo pueda ver y mucho menos encontrar, quiso ir a pasear, a conocer un poco; Martín lo acompaño así charlaban un poco de lo que vendría, de que harían en el pueblo y demás cosas. Caminaron unas cuadras pero se dieron cuenta que no querían caminar, el viaje los había fulminado y volvieron a la casa para irse directo a dormir, sin cenar la exquisita comida de la tía. Pidieron las respectivas disculpas por no compartir la cena, y se marcharon del dormitorio. Charlaron un poco de lo que había sido el viaje, rieron hablando del viaje del encargado seguido por los matones y principalmente, se rieron de Salaverry, que se estaría muriendo de bronca por enterarse que no tendría nunca el disco. Y luego de esto decidieron cerrar los ojos hasta el otro día.
Se despertaron con la luz que entraba por la ventana al mediodía, la tía había levantado la persiana para que se levanten, para que disfruten del día soleado. Luego de un gigantesco desayuno que transformaron en almuerzo, decidieron irse de compras. Necesitaban comprarse ropa y cosas para tener por si acaso. Estuvieron comprando muchas cosas, pantalones, camisas, remeras, y hasta un diccionario guaraní-castellano por si necesitaban. Cuando emprendieron la vuelta a la casa, se metieron en un bar a tomar algo y a descansar, habían caminado casi cinco horas. Los dos pidieron lo mismo, dos cafés con la misma cantidad de tostados. Cuando estaban comiendo, le pidieron al mozo si tenia algún diario de Argentina para poder chusmear las noticias. Enseguida, como si el mozo ya sabía lo que le iban a pedir, le llevó un periódico. Octavio ojeó página por página hasta que se quedó como congelado en una de las hojas, en la sección de policiales. Martín quiso saber que era y le arrebató el diario y también se quedó como duro. El titulo de la nota era contundente: “Encontraron muero al célebre profesor Jaime Salaverry”. En el cuerpo de la nota figuraba como hipótesis que era por un ajuste de cuentas, que el profesor andaba en negocios turbios y que no había podido cumplir ciertas cosas que le habían pedido y que por esto lo mataron. Lo encontraron con un balazo en la cabeza en su departamento. Al terminar de leer con detalle la nota, Octavio y Martín se quedaron mirándose para decidir que hacer, pero fue casi al mismo tiempo que los dos dijeron lo mismo, se quedarían por lo menos una semana en Paraguay por las dudas, a ver si la investigación del crimen avanzaba. Devolvieron el diario, pagaron la cuenta y volvieron para la casa en silencio. No podían creer lo que había pasado con el profe aunque Octavio por adentro suspiraba, nadie mas lo seguiría por el disco y podría volver a Argentina, no quería quedarse en Bahía Negra, no le gustaba, hubiese preferido algo con mas elegancia, Estados Unidos, Europa, aunque sabia que el único destino que le gustaba era Londres, por la obvia y simple razón; Laura.
Una vez de vuelta en la casa, una cena livianita con los tíos, un poco de sobremesa y partieron rápido para el dormitorio, la noticias los había sucumbido y agotado. Ni hablaron, se durmieron enseguida, apenas un buenas noches y chau, hasta el otro día. Les esperaba un día aparentemente tranquilo, salvo que aparezca alguna novedad sobre el crimen de Jaime. Apenas se levantaran irían en busca del diario.
Los levantó muy temprano la tía para lo mismo de la mañana anterior, para que aprovechen el día. Un desayuno muy abundante hablando de cosas sin importancia y decidieron ir a pasear y de paso comprar el diario para ver si aparecía alguna novedad sobre el asesinato de Salaverry. Caminaron un par de cuadras y encontraron un kiosco de revistas. Pidieron el diario argentino, siguieron paseando hasta que vieron una plaza en donde se sentaron en un banco para pegarle un vistazo al matutino, a ver que aparecía sobre el crimen.
Pasaron la sección de actualidad, la de economía, todas noticias importantes, pero que a ellos dos no les importaba, querían ver la parte de policiales. Llegaron a la sección esperada y vieron que había un informe a doble página, donde contaba muchas cosas que se habían descubierto sobre el fallecimiento del profe. Se encontraron varias cartas escritas a mano por Jaime que no llegaron a destino, lo mataron antes de que las mande y los asesinos no las encontraron. En la otra parte de la nota transcribían textualmente la carta.
Martín y Octavio leyeron atentamente lo que figuraba en manuscritos. Había varias líneas dedicadas a su familia, que los iba a extrañar, pidiéndoles perdón por todas las cosas mal que hizo en su vida; algunas cosas que no le resultaban trascendentales y llegando al final llegaron a lo importante. Decía muy clarito cuando aclaraba que lo estaban siguiendo desde hace unos días por un tema de negocios a los cuales Jaime se había negado a cumplir. En un primer momento había aceptado colaborar con los corruptos pero luego se había arrepentido. Y casi llegando al final de la carta, una frase que mortificó a ambos: “Me siguen y me quieren matar por un programa que puede valer millones, que no llegue a manos inescrupulosas”. Después de leer la frase, se quedaron mudos mirando la carta del diario, no podían creer que Jaime haya estado presionado por otras personas para conseguir el disco 16. Se les ocurrían varias hipótesis de lo que pudo pasar; que buscando ayuda para conseguir el programa se metió con gente pesada que al final quiso tenerlo en su poder y se le fue todo de las manos. Y otra hipótesis que se le ocurrió fue que Jaime siempre dependió de otras personas, que era un simple empleado de alguna persona poderosa que obedecía órdenes. Y cuando los jefes se enteraron de lo que podía hacer el programa, lo mandaron al profe a que haga todo lo posible por conseguir el disco.
Luego de pensar muchas cosas interesantes y otras no tanto, volvieron para la casa a almorzar y descansar un rato.
En el camino de vuelta a Martín le pareció como que alguien lo miraba mucho, le contó a Octavio que mirara disimuladamente y era correcto, por donde iban, el muchacho este con mirada muy seria aparecía algunos metros mas atrás del otro lado de la calle. Se apresuraron para llegar a la casa y antes de comer se encerraron en el dormitorio, tenían que decidir que hacer, no podían quedarse ahí y poner en riesgo a los tíos, no se perdonarían nunca que algo les pase por su culpa. Después de conversar durante un rato y escuchar el tercer llamado de la tía que los invitaba a pasar a la mesa, tomaron la decisión de irse, apenas encontraran un lugar seguro, se marcharían.
Comieron como si nada pasara, hablando de cualquier cosa para que los tíos no se preocuparan por nada y apenas terminaron el almuerzo se fueron directo otra vez al dormitorio a ultimar detalles. Estaban callados cada uno pensando donde y como se irían, si volver a la Argentina o irse a otro lugar. No importaba tanto el lugar de destino como la forma en que se marcharían, sabían que estaban vigilados, y que no podían ir directo al aeropuerto porque serian perseguidos por cualquier lado y hasta los frenarían en la ruta para robarles el disco, tenían que pensar bien como escapar. Después de un rato largo de meditar lugares, estrategias y demás cosas, Octavio pegó su grito de definición de cosas, había elegido el lugar adonde se iría, Londres. Martín lo miró como si estuviese hablando en broma, pero sabía y lo conocía a su amigo que cuando pegaba ese grito, no había marcha atrás y como él ya estaba metido en el juego, decidió apoyarlo una vez más. Habían definido una parte, el lugar de destino, ahora faltaba lo más importante, como escapar sin que los sigan. Pasaban los minutos y no se les ocurría ninguna idea que pudiera depositarlos en el avión sin que nadie se enterase, hasta que se le vino a la mente una idea para nada original: escapar en el baúl del coche del tío de Martín. Aunque esto significaba que tenían que contarle alguna cosita para que los ayude a huir. Y también necesitaban a alguien para que pueda ir a comprar los pasajes Europa y ese “alguien” que andaban buscando era el tío.
Aprovecharon que la tía había salido de compras para encararlo y contarle lo que necesitaban; tardaron cuarenta minutos en contarle lo necesario y cinco en que lo piense y acepte. De muy buena gana dijo que si, que aceptaba el reto con gusto. Lo primero que había que hacer era ir en busca de los pasajes y para eso Octavio le dio una de sus tarjetas. En el camino pasaría por un cajero automático, sacaría el dinero y se movería hasta la agencia de viajes, todo de la forma mas disimulada posible. El tío entendió todo muy rápido, agarro las llaves del auto y se marchó.
Octavio y Martín se quedaron en el living haciendo como que miraban televisión, pero tenían la cabeza totalmente puesta en otro lado.
Se hizo eterno el tiempo, cada minuto parecía una hora, disimulaban prestar atención a los programas de la televisión, pero les resultaba imposible no pensar en el tío. No se perdonaría nunca que le pasara algo solamente por darles una mano, por querer ayudar en una supuesta buena causa, porque no sabía todos los detalles.
Estaban los dos con una taza de café bien cargado, cuando de repente suena el teléfono, se levanta Martín a ver quien era, y sorpresa, era el tío.
Martín estaba nervioso, pero se calmó de golpe cuando el tío le dijo lo que el y Octavio esperaban, ya tenia los pasajes para poder escapar a Londres. Le dijo esto nada mas y cortaron, por las dudas si estaba pinchado el teléfono.
Apenas colgó, se abrazó con Octavio, ya daban por sentado que se había terminado todo, que ya estaban con un pie en el avión, pero faltaba lo más difícil, llegar al aeropuerto. Seguía en pie el plan, salir por el baúl del auto, era arriesgado pero no tenían otra opción, no se les ocurría nada, y tampoco querían pensar mas, solamente querían escaparse y nada mas. No le gustaba nada que los sigan, que los persigan como delincuentes, querían ser libres otra vez, vivir anónimamente.
Al rato llegó del “paseo” el tío, estaba contento como pocas veces. Le faltaba un toque de entretenimiento, de adrenalina en su vida, por eso aceptó el plan de una, quería divertirse de alguna forma. Les entregó los pasajes y Octavio, para darle las gracias, le dio un sobre con una carta que el había escrito y unos cuantos billetes. Todo era en señal de agradecimiento por lo que hizo.
Agarraron los tickets, guardaron un par de cosas en una pequeña mochila, y decidieron que era hora de partir, de dejar a los tíos que vivan tranquilos, que nada los altere de su pacifica vida. Fueron para el garaje, el tío ya había abierto el baúl para esconderse, los dos lo miraron imaginando como iban a meterse ahí, no iban a entrar los dos. Ya estaban dudando del plan, cuando se escuchó un grito del tío, dándoles la orden de que se metan y se callen, que se aguanten un rato apretados si querían seguir vivos. Los dos muchachos bajaron la cabeza sorprendidos por el grito, no dijeron nada y fueron directos al baúl. Se acomodaron como pudieron, no era muy espacioso el lugar, pero era lo que había. Una vez adentro, el tío les cerró la puerta como si no fueran personas, pero era la única forma de que no se quejen más por nada. Luego de esto, se puso frente al volante, arrancó el motor, activó la puerta automática del garaje para que se abra, y puso primera, como para tomar velocidad de a poco y de que nadie sospeche. El auto de enfrente miraba al del tío pero rápidamente le sacó la mirada. Aceleró un poco más y de repente, se abrió el baúl, eso no estaba en los planes. El matón que estaba en el auto abrió los ojos como si hubiera encontrado un tesoro. Hablo con alguien por handy y arrancó el auto para alcanzar a Octavio y a Martín. Parecía una película, un auto adelante con el tío y los dos muchachos, con el baúl abierto sosteniéndolo con la mano, y un auto unos metros después, con el matón al volante.
Luego de dar vueltas por las calles de Paraguay, apareció otro auto siguiéndolos, ya eran dos contra uno. Las tres personas del auto de adelante tenían un miedo increíble, Octavio hasta pensó en tirar el tan ansiado disco a la calle, pero esa idea fue rápidamente desechada, si tiraba el disco, igual los seguirían y los matarían.
El miedo creció cuando vieron que del segundo auto se asomaba una pistola, no sabían que hacer, no podían hablar con el tío porque estaba un poco incomodo para que los escuche, solo se dignaba a manejar tratando de escaparse de los matones. Después de un rato largo tratando de librarse de los perseguidores, el tío se dio cuenta que no le quedaba mucha nafta en el tanque, les quedaban pocas posibilidades para llegar al aeropuerto. Mientras pensaba como llegar, Martín y Octavio habían roto la separación entre el asiento de atrás y el baúl, pudiendo acomodarse un poco más.
Hablaron entre los tres a ver que podían hacer y decidieron ir para el aeropuerto directamente, se arriesgarían porque si seguían “paseando”, no llegarían a tiempo a tomar el avión.
Camino al aeropuerto, a Martín y a Octavio ya no les importaba nada, querían llegar al avión o morir en el intento. Y se lo hicieron saber al tío, no querían pasear más por la ciudad, intentarían llegar vivos al avión; el conductor estuvo de acuerdo y apretó aun más el acelerador, para llegar lo antes posible.
Los autos que los seguían se mantenían al acecho, y de vez en cuando mostraban el arma para amedrentarlos, para que tenga miedo, y obviamente lo lograban, los dos futuros viajantes estaban que temblaban. Cuando estaban a cuatro cuadras de la entrada del aeropuerto, el tío hizo una espectacular maniobra que logró despistar a los otros dos coches. Lo había visto en una película de acción. Se metió en un tremendo estacionamiento de cinco pisos, fue hasta el ultimo, estacionó el coche en uno de los lugares disponibles, los hizo bajar del coche a Martín y a Octavio como si fueran dos rehenes y se fueron los tres a uno de los autos que había estacionado, una camioneta usada que parecía de los años 40. Octavio no lo podía creer, quiso preguntarle al tío que pasaba, pero ya se estaban escuchando ruidos de autos que estaban subiendo, por lo tanto, no preguntó nada y se fue directo al nuevo vehículo.
Una vez arriba, el tío arranco el motor justo cuando los matones llegaban al ultimo piso, los dos chicos se agacharon para que no los vean, tomaron velocidad muy de a poco y se marcharon para el piso de abajo para poder lograr el objetivo: el aeropuerto. Llegaron al piso de abajo, y el tío le dijo al que cuidaba el estacionamiento que llame a la policía, que estaban robando coches en el piso de arriba de todo, que eran dos coches y que tenían armas. Obviamente, el vigilante llamó a la policía y también hizo sonar las alarmas, cerrando todas las puertas del estacionamiento.
El tío se sentía en la luna, no podía creer que le salió todo como lo había planeado, y eso que lo había hecho todo solo, sin ninguna ayuda. Salieron riéndose a carcajadas, aliviados camino al destino final, que los depositaria camino a Londres. A una cuadra del aeropuerto, Martín le preguntó como lo había hecho, y el tío tuvo que contar todo. Estaba esperando que le pregunten, se moría por contar la hazaña.
Arrancó contando que cuando se fue a comprar los pasajes, camino a la agencia, se le ocurrió la maravillosa idea de la camioneta. Era una compra por la dudas, por si pasaba algo en el camino, como al final pasó. Por la plata no se hizo drama, tenia la tarjeta de Octavio en su poder, así que ni lo pensó, fue hasta una agencia de autos usados, pidió uno que no llame la atención, y le pidió al vendedor que se lo deje estacionado en el quinto piso del estacionamiento. No les quiso contar nada antes por si no tenían que usar esta parte del plan. Octavio y Martín no lo podían creer, pero estaban tan contentos que se habían olvidado de los matones aunque no les convenía olvidarse, sabían que en cualquier momento llegarían e irían en busca de ellos, y muy enojados por lo que había pasado.
Llegaron, fueron directo al mostrador, pidieron los pasajes, que estaban a nombre del tío, mostraron los documentos, llenaron unos papeles y listo, se iban directo al avión. Antes de partir, mientras Martín se daba un fuerte abrazo con su tío agradeciéndole todo lo que había hecho, Octavio fue de una corrida hasta el cajero, hizo una extracción bastante suculenta, la metió en un sobre y cuando regresó para despedirse del tío, antes de abrazarlo como si el fuera el sobrino, le dio el sobre. El tío al principio no quiso aceptar, pero luego de las insistencias, se lo guardó y ordenó que se vayan, basta de saludos y chucherías. Otro abrazo, este mas corto y desaparecieron por el pasillo justo a tiempo, fueron los últimos en subir al avión, después de ellos, cerraron las puertas. Esto significaba que los matones por mas que lleguen al aeropuerto no iban a poder agarrarlos, lo que los consagraría como vencedores de alguna manera de toda esta aventura. Al cerrar la puerta, Octavio y Martín tuvieron su primer momento de relajo desde que partieron de Buenos Aires, pudieron acomodarse en sus asientos de primera clase, pedir algo de tomar y charlar un poco. A los cinco minutos, ya estaban durmiendo los dos, y todavía no había despegado el avión, estaban tan relajados que no aguantaron a tomar altura.
Al rato de estar en el aire, Octavio se despertó y llamó a la azafata. Le hizo un pedido, algo que extrañaba, un tostado y un café, hacía mucho que no pedía esto, se sentía bien haciéndolo. Cuando se estaba retirando la azafata, la volvió a llamar y le hizo otro pedido. Le preguntó si en primera clase había alguna computadora en la cual uno se podía conectar a Internet. La azafata le contestó afirmativamente, que en un ratito le traía la maquina a su asiento, que en este momento estaban todas ocupadas.
Mientras comía el tostado, se puso a pensar en que cosas iba a hacer una vez que lleguen a Londres, si ir a buscar a Laura, si empezar una vida alejado de todo y de todos, solamente con Martín. Lo único que tenia decidido era que no iba a romper el disco 16, que no lo iba a usar mas, pero quería guardarlo por las dudas, nunca sabia si iba a necesitar algún dinero extra.
En ese momento, volvió la azafata con la computadora portátil, terminó el tostado y el café, y quiso revisar las noticias y los mails, hacia mucho que no revisaba su correo. Leyó un poco las noticias pero no encontró nada importante así que siguió con el correo electrónico. Tenia muchos mails en su casilla, solo mirando el remitente borró todos, menos uno, y que lo atemorizó bastante: “Jaime Salaverry”.
No sabia si leerlo o borrarlo directamente, pero en eso Martín se despertó y vio la computadora prendida, quiso ver que estaba haciendo Octavio y cuando vio el nombre del profe en la pantalla, ni lo pensó, quería ver lo que le había escrito
Entraron al mail y leyeron con atención: “Octavio, tené cuidado, me están apretando por el disco, lo quieren a toda costa, no van a parar hasta tenerlo. Me están siguiendo, y creo que me van a matar, son un grupo que esta planeando un atentado revolucionario en Argentina y cuando se enteraron de lo que podía hacer el disco, lo pusieron como primer objetivo para la revolución. Mientras vos tengas el disco, el país esta a salvo. Por favor, ANDATE Y NO DEJES QUE TE ROBEN EL DISCO. Te pido perdón, Jaime”.
Se quedaron duros pensando en lo que acababan de leer, y decidieron borrarlo y seguir para adelante, vivir en Londres o en cualquier parte del mundo, total plata no les iba a faltar, tenían en su poder el disco.
Con todo lo que habían pasado en el viaje, entre siesta y revisión de correos, se les había pasado todo el trayecto, ya estaban llegando al destino tan esperado. Se dirigieron hacia la salida y se dieron cuenta que no tenían ningún equipaje, no tenían nada, salvo el disco y un par de cosas mas. Empezaba una nueva aventura.
Una vez arribado al aeropuerto londinense, lo primero que hicieron fue dirigirse a una cabina telefónica para comunicarse con los tíos de Martín, para ver como estaban y si los matones los habían agarrado o hecho algo. Para su tranquilidad, no les había pasado nada, estaban muy bien y contentos de haberlos ayudado en su travesía.
Luego de hablar, tenían que pensar que iban a hacer en Londres y donde vivirían. Plata tenían, y si no la tuviesen, estaba el disco como para sacarlos del apuro, aunque no querían usarlo. Pasearon por las lindas calles inglesas mirando departamentos hasta que encontraron uno muy lindo ya amueblado en una zona cercana al centro en un complejo habitacional. Hablaron con el dueño, con el cual se pusieron de acuerdo en la cifra a pagar mensualmente, el dueño dijo cuanto era y listo, arreglaron, no pusieron ninguna traba ni pidieron rebaja. Lo primero que hicieron al entrar al departamento fue acostarse a descansar ya que entre la huida de Paraguay, el viaje y la caminata para buscar casa los había dejado agotados. Descansarían un rato y luego decidirían que hacer, como seguir.
Como a las cinco horas, fueron despertando, ya era la hora de la cena, a medida que se despabilaban, fueron hablando para ver que cosas hacer y como. Si buscar trabajo, pasear por Europa, pero lo único que decidieron era que iban a usar el disco. Lo necesitarían para hacerle frente a los gastos que iban a tener. Pero aceptaron usarlo con una condición que juraron iba a ser inquebrantable, lo usarían una vez por mes nada mas el disco para no llamar la atención y tener problemas. No querían tener que volver a escapar ya que lo ellos querían era estar un tiempo en Europa y después volver a la rutina de Buenos Aires.
Pidieron algo de comer por teléfono ya que no tenían ganas de salir, y luego de esto, otra vez a la cama, así al otro día podían salir a conocer el barrio y lo fundamental, comprar ropa ya que tenían lo puesto nada más.
Martín se durmió rápidamente, pero Octavio no podía conciliar el sueño. Se acordó de Laura, donde estaría, que estaría haciendo en Londres, si estaba sola o con nueva pareja; quería verla, pero no tenia manera de encontrarla, no tenia ningún teléfono ni dirección de donde vivía ni nada lo cual le complicaba las cosas. Pensó y siguió pensando hasta que el sueño lo venció….
Al otro día, cerca del mediodía, cuando se despertaron, en lo primero que pensaron fue en el disco. Querían probarlo y necesitaban ya que no les quedaba mucho dinero. Ir a un Cyber no les daba confianza así que con lo poco que les quedaba se compraron una computadora para poder usar el programa desde la casa para que nadie los viera ni llamaran la atención. Al rato de haber instalado la maquina, Octavio colocó el disco, y pensaron como hacer la primera operación en territorio europeo. Mientras pensaban, Martín miraba por la ventana de la casa y vio un banco justo enfrente lo cual hizo que la primera operación haya quedado decidida.
Antes de entrar en el sistema del banco, Octavio entró en otros bancos para crear distintas cuentas para no hacer la transferencia de un banco a otro, serian cuatros cuentas las destinatarias del “préstamo”.
Una vez dadas de alta las cuentas, entraron en la base de datos del banco vecino y se pusieron a buscar a quien podían sacarle el dinero. Ninguno les llamaba la atención hasta que vieron un apellido ruso, que tenía muchos pero muchos millones en la cuenta. Buscaron el apellido en Internet a ver si encontraban algo y pudieron averiguar que era un magnate ruso que había hecho su fortuna en base a negocios petroleros y sospechado de haber ganado mucho dinero en apuestas ilegales. Le sacarían un poquito de su plata al magnate Slukubich. Pensaron el monto y decidieron sacarle doscientos mil euros que iban a ser divididos en los cuatro bancos. Era un monto grande pero que había sido pensado para no tener que usarlo antes de lo previsto, con esta suma podían estar un tiempo largo sin necesidad de utilizar el programa.
Luego de realizar con éxito la operación, decidieron ir a almorzar y a pasear un poco por Londres para empezar a comprarse un poco ropa. Después de comer unos panchos en un puestito sobre la calle, empezaron a caminar por las calles céntricas a ver que podían comprar. A lo largo de la tarde consiguieron pantalones, remeras, sweters, zapatos, zapatillas, y cualquier cosa que les atraía. Ya habían gastado alrededor de 10000 euros. Nunca habían gastado tanta plata en ropa y accesorios, pero no les molestó para nada, al contrario, estaban contentos. Ya estaban empezando a olvidarse de los malos momentos que habían pasado en días pasados. Volvieron al departamento a eso de las 8 de la noche para dejar todas las bolsas de lo que habían comprado y salir a cenar a algún restaurante. Querían darse mutuamente la bienvenida a una "nueva vida" lejos de los problemas que les ocasionó un simple disco. Encontraron un restaurante a 2 cuadras de la casa, con ambiente muy calido y poca gente, querían estar tranquilos, así de paso charlaban sobre el futuro en tierra europea. Una vez ya acomodados y luego de haber elegido para comer pastas los 2, vieron entrar a una señorita muy atractiva, muy linda que se sentaba a unas 5 mesas de la suya acompañada de un hombre muy apuesto. No le dieron importancia aunque Octavio se puso nervioso, como si la conocía de alguna a esa hermosa chica. Cuando estaban terminando de comer, Octavio se dirigió al baño, al pasar por al lado de la mesa de la señorita la chocó sin querer. En ese momento ella lo miró con ganas de insultarlo, pero no pudo decirle nada, ahí se dieron cuenta, era Laura. Octavio también se quedo mudo, no sabia que hacer, si hablarle, seguir caminando hacia el baño o que hacer. Laura rompió el hielo preguntándole como andaba y que hacia en Europa, y Octavio medio tartamudeando le mintió diciendo que estaba de vacaciones. Luego de los clásicos saludos, ella le presentó a su nueva pareja, un famoso abogado con fama de corrupto. Octavio se quedó mudo, se le rompió el corazón al escuchar la palabra "novio". Después de unas pocas palabras, Laura le dio una tarjeta con sus datos por si algún día quería ir a tomar algo para poder charlar. Octavio también le anotó el teléfono del nuevo departamento en una servilleta y se fue para la mesa. Cuando le comentó a Martín que era Laura, no lo podía creer. Se quedaron unos minutos mas, pagaron la cuenta y se fueron rápidamente al departamento. Salieron del restaurante tratando de no mirar a la mesa de Laura pero fue imposible, Martín pasó rápido, pero Octavio no pudo evitarlo y la miró al mismo momento que Laura lo miraba a el. Luego de una mirada que debe haber durando segundos, decidió irse. En el trayecto al departamento no hablaron de nada. Octavio apenas entró y se fue directo a la cama. En esa noche no pudo pegar un ojo, no paraba de pensar en el encuentro con Laura y en que iba a hacer, si la llamaría, si rompería la tarjeta con los datos. Luego de varias horas sin conciliar el sueño, vino lo esperado, el tan famoso grito que hizo despertar a Martín que ya estaba durmiendo placidamente. Ya había tomado la decisión, no la iba a llamar, iba a esperar a ver si ella la llamaba. Martín estuvo de acuerdo con la decisión elegida pese a que lo había despertado. Después de comentarle lo que no iba a hacer con Laura, ambos pudieron dormir tranquilamente, aunque ya eran las 4 de la mañana. Los días transcurrían sin sobresaltos, se levantaban tarde, salían a pasear por alguna ciudad europea, parecía que estaban de vacaciones. Estaban conociendo distintos lugares de Europa, los mas conocidos: La torre Eiffel, la torre de pisa, fueron a ver un partido de fútbol en España y otros lugares que no vienen al caso. A los diez días de haber llegado a Londres, solamente había visto una vez a Laura, la primera noche, el no la había llamado, ella tampoco. Se moría de ganas de llamarla pero se contenía, no quería sufrir, aparte el quería volverse para Buenos Aires, retomar su ida normal. Después de varios días de descanso, ya estaban medio cansados de no hacer nada, no estaban acostumbrados, los dos siempre eran de estar trabajando mucho, siempre ocupados con cualquier cosa. Decidieron hacer un viajecito mas, serian 2 o 3 días nada mas, y luego decidirían que hacer y donde. Eligieron como ultimo destino Ibiza, para disfrutar de las fiestas alocadas que se festejan ahí. Antes de partir, por las dudas, quisieron sacar un poco de plata usando el programa. Lo conectaron muy rápido, hicieron una operación de 50000 euros divididos en 3 cuentas y se fueron para aeropuerto, a disfrutar del último tramo de vacaciones. Ya en pleno vuelo, Octavio se dio cuenta que no había cerrado el programa. Con el apuro por salir cometió el grave error de no cerrar la sesión. Esto podría traerles graves consecuencias, porque podrían ser rastreados desde cualquier sistema de seguridad. Al dejar abierto el programa, ante cualquier sospecha del banco, los podrían ubicar. Martín trató de tranquilizarlo, diciéndole que no pasaría nada, que disfrute un poco, que en vez de 4 días, volverían a los 2, para que se calme y se quede tranquilo. Estuvo todo el viaje nervioso, pero una vez que bajaron, al ver tantas preciosuras de olvidó de todo, aunque había acordado con Martín que volverían al otro día, solo una noche se quedarían. Pasaron la noche tomando mucho alcohol, bailando, que casi pierden el vuelo. Una vez ya reinstalados en el departamento, lo primero que hizo Octavio fue verificar si descubría algo, si habían entrado en la computadora, pero no encontró nada. Cerró el programa y se tranquilizó del todo,..... Aunque no se pudo tranquilizar porque de repente sonó el teléfono y era la ultima persona que podía haberlos llamado, Laura. Atendió Martín, habló 2 segundos, y se lo pasó a Octavio que cuando se enteró que era su ex, se puso loco, muy nervioso. Hablaron solamente 5 minutos, los cuales le parecieron eternos. Laura quería verlo, charlar un poco de las cosas de cada uno; obviamente Octavio aceptó y quedaron para ese mismo día a la noche para juntarse a cenar en el restaurante donde se habían visto la primera noche. El resto del día pareció un año entero, no pasaban los minutos, no sabia que hacer para acelerar el tiempo, se tiró a dormir pero no pudo ni cerrar los ojos, había mucho nerviosismo en Octavio. Se hizo de noche, llegó puntual al restaurante con ropa de estreno para poder impactarla pero igualmente se le notaba el nerviosismo cuando la vio entrar a Laura, tan linda y radiante como siempre. Se saludaron normalmente, con un beso en la mejilla, pidieron algo de tomar y se pusieron a charlar de las cosas de cada uno. A Laura la intrigaba como Octavio había hecho plata para poder estar de vacaciones en Europa y el quería preguntarle por su pareja. Octavio pensó en contarle toda la verdad, pero no se animaba, le cambiaba el tema de charla y ella hacia lo mismo cuando le preguntaba por su estado afectivo. Luego de 2 horas de charla, decidieron irse, pero quedaron en volverse a ver, al otro día en el mismo restaurante para seguir investigándose el uno al otro. Nuevamente, alcanzó un beso en la mejilla para la despedida y cada uno se marchó para su lado.
El trayecto que lo llevaba a su casa era corto pero le alcanzó para darse cuenta que la amaba tanto o más que antes pero no sabía como acercarse o como lo tomaría ella si intentaba algo. Al llegar al departamento, le contó a Martín como había salido todo y se fueron a dormir, tenían que pensar como seguía la vida en Londres. Octavio se durmió en seguida y Martín todo lo contrario, no podía conciliar el sueño. Se levantó y se puso a navegar por Internet, se puso a chatear con distintas personas de otros países. Después de un rato de estar por la Web, quiso investigar como estaba hecho el famoso programa que había diseñado Octavio. Luego de investigarlo, quiso probarlo y le sacó cuatrocientos mil euros a la misma persona, al magnate ruso Slukubich. Pero cometió el grave error de transferir toda la suma a una misma cuenta. Al confirmar toda la operación, procuró cerrar todo para que no pase lo del otro día y se fue a dormir.
El día siguiente fue muy tranquilo, descansaron casi toda la mañana, por la tarde pasearon, gastaron un poco de plata en ropa y accesorios para la casa, para poder decorarla un poco mas a su gusto. Al llegar la noche, Octavio fue a encontrarse con Laura y Martín se quedo en la casa ordenando un poco lo que habían comprado y nada mas, a mirar tele esperando que regrese Octavio para que le cuente las novedades de Laura, obviamente si había novedades. Ya estando solo, Martín se dio cuenta que había llegado un sobre. No tenía ningún dato ni remitente ni nada. Le pareció raro que llegue algo porque nadie sabía que estaban en Europa, nada más los tíos de Martín y Laura. No lo abrió, iba a esperar a que llegue Octavio para que lo abran juntos.
A las 2 horas llegó Octavio de su segundo encuentro con Laura en el cual se habían contado cosas que transcurrieron en el tiempo que habían estado separados pero nada de lo sucedido con el disco, solo cosas que el consideraba sin importancia. Apenas entró al departamento lo notó algo pálido a Martín; obviamente le preguntó que le pasaba, si había ocurrido algo. Martín no le contestó nada, solamente le mostró el sobre que habían recibido. Antes de que Octavio abra el sobre, Martín le contó lo que había hecho, que había usado el disco y le sustrajo una importante suma al magnate ruso. Octavio se contuvo y sin decirle nada, abrió el sobre, el cual nada mas tenia una nota, muy simple pero concreta: “Quiero mi dinero y con intereses”. Los dos se miraron tratando de descifrar que pensaba el otro hasta que Octavio se animó a hablar. Tenían que devolver ese dinero cuanto antes y volver a escaparse, ya sabían que vivían ahí y seguro que también sabían todo sobre ellos. Después de hablar un rato para decidir como devolver la plata, decidieron hacerlo de la manera más fácil, sacándole plata a otros para devolvérsela a Slukubich. Lo harían cuando antes así también podrían irse de la casa. Se sentaron los dos en frente a la computadora y en cuestión de dos horas, Slukubich tenía novecientos mil euros en su cuenta, bastante más de lo que le habían sacado. Luego de esto hicieron las valijas, ordenaron un poco el departamento y partieron hacia la estación de trenes donde tomarían cualquiera que los mandase a algún lugar tranquilo.
Eligieron el pueblo de Barnet porque era el primer tren que salía, tenían un poco de miedo por su integridad física. No tenían idea con que se iban a encontrar en el nuevo lugar, pero partieron. Eran dos horas de tren que se pasaron rápido y en silencio, ni Octavio ni Martín cruzaron palabra, estaban muy pensativos, a ver que hacían, si seguían en Londres, se iban para otro lugar de Europa o si se volvían para Buenos Aires. Al bajar en la estación de Barnet, fueron para la cafetería, para tomar la decisión final. Pidieron lo clásico, café y tostados, y se pusieron a hablar, de Laura, de cosas sin sentido y obviamente, de cómo seguir. Después de deliberar un rato largo, decidieron emprender la vuelta a Argentina. Estando en el bar, a Martín se lo notaba un poco paranoico, como si los estuvieran vigilando, se lo comentó a Octavio y decidieron irse, pero escapando por el baño del bar. Pagaron la cuenta, se dirigieron hacia el fondo, y una vez adentro del baño, se escaparon por una de las ventanas, dejando el poco equipaje que tenían en la mesa; nada mas se llevaban el efectivo que les quedaba, que era bastante, les alcanzaba como para ir al aeropuerto en limousine tomando champagne, y viajar en la mejor aerolínea, en la mejor ubicación, pero había algo que a Octavio lo retenía y eso era justamente, Laura. Quería verla una vez más, para contarle toda la verdad, que no estaba de vacaciones y que todavía seguía enamorado de ella. Pero había un problema, ver a Laura significaba volver al centro de Londres arriesgándose a ser agarrado por la gente de Slukubich, que no parecía nada amistosa.
Se lo planteó a Martín lo que quería hacer y como se lo imaginaba, su amigo de siempre lo respaldó, lo iba a acompañar, pero puso una condición, apenas le contaba todo a Laura, se volvían para Buenos Aires. Octavio aceptó la condición, y se volvieron para la estación, para regresar al centro.
Una vez en el tren de regreso, decidieron que tenían que hospedarse en otro lugar, no podían volver al mismo departamento, por un tema obvio. Antes de bajar, Martín le puso un plazo de 3 días para que encuentre y hable con Laura, si no pasaba nada en ese lapso, se volvía solo. Octavio accedió una vez más a las peticiones.
Una vez llegados al centro, se dirigieron a un hotel cuatro estrellas bastante caro, y se pusieron a pensar como acercarse a Laura sin que se entere su novio tránsfuga. Después de un rato, decidieron llamarla con cualquier otro nombre, con una falsa identidad para no levantar sospechas. Octavio llamó al número y se hizo pasar por un viejo compañero de la facultad de Laura. Al atender, no entendía como la podían ubicar ahí hasta que reconoció la voz, esa voz que tanto había escuchado y que le empezaba a tomar cariño otra vez. Octavio le dijo que necesitaba verla para contarle algunas cosas, pero que tenía que ser en el hotel, no quería que los vieran juntos en ningún lugar, todo tenía que ser muy discreto. Quedaron para ese mismo día, a la tardecita, cuando empezaba a bajar el sol.
El primer paso estaba dado, ese mismo día, cerraría todo e intentaría volver a su vida normal. Se dio una ducha y espero a que llegue su ex, ahora “amiga”, mirando televisión mientras Martín dormía muy placidamente.
Exactamente a las ocho de la noche, suena el teléfono, era de la recepción avisando que había visitas, Octavio pidió que suba directamente. Una vez arriba y luego del clásico beso en la mejilla, pidieron algo para tomar, un par de gaseosas, y se pusieron a hablar de cosas sin sentido. Ya con las bebidas servidas, la charla se puso un poco mas seria, y ahí Octavio empezó a contar su más reciente historia. Laura lo miraba con los ojos bien abiertos, no podía creer lo que estaba contando, pero menos pudo entender cuando escuchó el nombre del magnate al que le habían sacado la plata y los estaba siguiendo. Slukubich era el novio de Laura. Octavio no podía creer lo que le estaba pasando y luego de unos minutos en silencio, sin preámbulos, Laura le digo que quería volverse a Buenos Aires, porque le daba un poco de miedo las cosas de su pareja. Octavio empezó a preguntarle un poco sobre él y se empezó a enterar de cosas no muy agradables, extorsiones, aprietes, coimas y sospechas de asesinatos. El tema era que Slukubich no la iba a dejar ir tan fácil, era muy obsesivo con ella, y la quería tener siempre a su lado, así que tenían que planear el regreso de los tres. Laura prefería volver separados, los tres en diferentes vuelos y en diferentes horarios, cosa que le pareció bien a Martín pero no a Octavio, que quería que vuelvan juntos en el mismo avión, no se quería despegar de nadie, ni de su amigo, ni de su ex pareja, volvía a tener esperanzas de reconquistarla.
Finalmente, ganó la posición de Laura, volverían separados, por aerolíneas distintas, horarios distintos y con destinos diferentes. Cuando despertó Martín, le contaron quien era Slukubich y el plan para volver a Argentina. Inmediatamente aceptó el plan. Hubiera aceptado cualquier plan con tal de volver a Buenos Aires.
Hablaron un rato entre los tres para decidir adonde volvería cada uno, para luego encontrarse en la capital. Los destinos quedaron: Octavio iría para Montevideo, Laura para Santiago de Chile y Martín para Asunción, así aprovechaba para visitar a los tíos que los habían ayudado anteriormente.
Sacar los pasajes fue fácil, fueron a la sala de Internet del hotel, y en cuestión de veinte minutos, tenían los 3 pasajes listos, con destino a Santiago de Chile, Asunción y Montevideo.
Al salir de la sala, Laura recibió un llamado en su celular, obviamente era su novio. No sabía si contestar el llamado o dejarlo sonar. Finalmente atendió, mintiéndole que estaba con unas amigas tomando unos tragos en un bar porque una de ellas estaba triste porque se acababa de separar. Como era de esperar, empezó a gritarle, obligándole a que regrese urgente, lo cual asustó a Laura y cortó el llamado muy nerviosa, comenzando a llorar, con mucho miedo. Octavio trató de consolarla pero fue difícil, no lo lograba. Decidieron que se iba a quedar con ellos a pasar la noche, había que esperar once horas para la partida y no había que mostrarse por ningún lado.
Subieron a la habitación, pidieron algo para cenar, algo liviano, ensaladas y agua mineral, y trataron de acostarse pero no pudieron conciliar el sueño, reinaban los nervios en la sala de estar de la habitación.
Laura tomó un tranquilizante para poder relajarse un poco y se quedó dormida. Martín y Octavio se pusieron a charlar a ver como podían hacer para llegar al aeropuerto en forma separada sin que nadie sospeche de nada. Llamaron a la recepción y pidieron tres autos, uno a las 8 de la mañana, otro a las 8:30 y el último a las 9:15, así llegarían a tomar el avión a tiempo. Martín se iría en el primero, Laura en segundo y Octavio sería el último en partir.
Miraron televisión un rato hasta que se le ocurrió hacer una última jugarreta y romper el disco, que muchos problemas les había traído. Se miraron a los ojos y de repente Octavio pegó su grito característico, se le había ocurrido una idea y la iba a llevar a cabo, cueste lo que cueste. Le contó a Martín lo que iba a hacer, lo que llevó a que él le diga que estaba completamente loco. Pensaba sacarle 1 millones de dólares a Slukubich y transferírselo a distintas organizaciones no gubernamentales de Argentina. Martín no dijo nada, sabía que no podía convencerlo de que no lo haga, por lo tanto, aceptó la idea.
En exactos 20 minutos había terminado la operación. No iban a usar mas el programa, Martín sugirió romperlo, lo cual hizo dudar a Octavio. Pero después de unos minutos entró en razón y le dio el ok para destruirlo. Agarraron un martillo que encontraron en la habitación y con un simple golpe, el disco quedó hecho pedazos. Nunca más iban a volver a sufrir por ese programa que les había traído alegrías, pero también miedos y angustias.
Para ellos las horas no pasaban, se hacía eterno el tiempo, hasta que por fin, llegó la mañana. Laura despertó, ya estaba todo listo, las pocas cosas que tenían empacadas, divididas en 3 bolsos, uno para cada uno.
Al rato, sonó el teléfono, se asustaron, pero era de la recepción avisando que estaba abajo el auto que lo iba a llevar a Martín al aeropuerto. Octavio repartió un poco de dinero para cada uno para que después puedan volar hacía Buenos Aires. No se iban a ver más hasta que el destino los cruce en la capital. Se saludaron como si fuera la última vez y bajó en busca del auto.
En la habitación quedaron ellos, los ex novios en silencio. Una vez que cerraron la puerta, se miraron sin decir nada durante unos segundos y se besaron como la primera vez. Un beso tierno y lleno de amor. Después del encuentro amoroso sonó otra vez el teléfono. Era el turno de Laura que se encontraba mas asustada que antes. Se dieron un último beso, no sabían si alguna vez se volverían a ver. Agarró el bolso y bajó. Octavio se quedó solo esperando los 45 minutos que faltaban para que llegue el auto. A los 10 minutos suena el teléfono, no quiso atender porque pensó que era de la recepción avisando que se había adelantado el auto. Tomó el bolso, cerró todo bien y bajó. Al salir del ascensor, vió a dos hombres que lo miraban de una manera rara los cuales les provocó miedo. Supuso que eran matones de Slukubich que los iban a buscar y se escondió en el bar del hotel. Pidió un café y el teléfono argumentando una urgencia. La emergencia era llamar a la recepción y avisar que esperaba el coche en el bar y que lo pase a buscar por la puerta trasera del hotel. No hubo problemas, le avisarían cuando tenía que ir para la otra salida, pero seguía muy intranquilo, no sabía si Martín y Laura estaban bien, si habían podido llegar al aeropuerto. Pidió otro café que no lo tomó porque se pidió un whisky que le duró un segundo, de un trago lo tomó. Pidió otro y otro, eso demostraba que estaba muy nervioso. Eran las 9 de la mañana y ya se había tomado tres tragos, no era normal, pero como pagaba mucha propina, el camarero no dijo nada. A los cinco minutos el camarero le avisó que lo esperaban en la puerta de atrás. Agarró el bolso, le dio 200 dólares al mozo y partió sin darse vuelta, para que nadie lo vea.
Al subir al auto pensó que ya había pasado todo, pero justo antes de arrancar vió que los dos hombres que vió en la recepción corriendo hacía el auto. Octavio apuró al conductor para que arranque y salieron justo pero los matones los seguían en otro auto.
Octavio sacó varios fajos de billetes y se los dio al chofer. Le dijo que le daba más si lograba llegar rápido al aeropuerto y que perdiese al otro auto. El chofer, que seguramente no cobraba un buen sueldo, no dijo palabra, solamente aceleró lo que quiso decir que aceptaba el ofrecimiento. Octavio era capaz de darle todo el dinero si lograba llegar solo, sin que nadie lo siga.
Empezó la persecución y se les complicaba la situación. Faltaban 30 minutos para que despegue el avión y estaban con compañía y como a dos kilómetros de llegar. Octavio estaba muy nervioso, lo único que hacia era tirar billetes al asiento de adelante, como si esto lograría ir mas rápido.
El chofer, un uruguayo indocumentado que había ido a ganar la vida a Europa, le hizo una pregunta fundamental para el futuro, ¿Puedo hacer cualquier cosa para que los perdamos?. La respuesta fue un sin rotundo, ni lo pensó, solamente quería irse a su casa y ver como se encontraban Martín y Laura.
Al escuchar la respuesta, el chofer sacó de la guantera un revolver y le dijo a Octavio que se pase al asiento de adelante y que le sostenga el volante unos segundos. Obviamente, le hizo caso y pasó para tomar el volante. Apenas lo agarró, el chofer sacó medio cuerpo afuera del auto y disparó dos veces hacia el auto de los matones, dándole a unos de los neumáticos haciendo que tuvieran que frenar para no chocar. Octavio no podía creer lo que estaba viviendo, parecía una película de acción, pero gracias a ese disparo llegaría a tiempo al aeropuerto a tomar el avión. Soltó el volante una vez que el chofer metió el cuerpo dentro del auto y lo único que le dijo fue un simple gracias y nada más. Se quedó mudo.
Llegaron a tiempo al aeropuerto, Octavio bajó únicamente con los documentos y el pasaje y le dejó el bolso lleno de plata para el chofer. Solo se quedó un poco de dinero para poder viajar a Argentina. Le dio las gracias nuevamente y partió. Hizo los trámites en el mostrador de la aerolínea, miraba para todos lados, estaba muy nervioso. Necesitaba saber que había pasado con su amigo de toda la vida y su ex novia, o novia nuevamente, no sabía como iban a seguir las cosas.
Al finalizar el papeleo fue rápidamente para subirse al avión, era el último pasajero en subir, parecía que lo estaban esperando a el, así como subió cerraron la puerta lo que hizo que se relajara y se durmiera casi al instante de sentarse en su asiento.
Durmió todo el viaje, no almorzó ni merendó en el viaje. Al llegar al aeropuerto internacional de Asunción, lo despertó unas de las azafatas y emprendió el camino a la salida. Estaba solo, nadie lo estaba esperando así que fue directamente al mostrador de la aerolínea para sacar un pasaje para Buenos Aires, lo antes que se pueda.
Esta vez tuvo suerte, uno de los que iba a abordar el vuelo canceló a último momento y se lo vendieron a el, en 30 minutos partía para Argentina, que era lo que mas quería. Compró el pasaje, y también hizo el trámite para abordar.
Una vez arriba del nuevo avión, pidió algo de comer, obviamente un tostado con un café, cosas que extrañaba y se dispuso a mirar por la ventanilla. Pensaba si Martín y Laura llegaron a destino, si ya estarían en Buenos Aires o si habrán tenido algún problema, si los siguieron a ellos también. Una vez comido el tostado, se durmió otra vez, estaba exhausto mentalmente.
Se despertó a minutos de llegar, fue hasta el baño a lavarse la cara y espero tranquilo en su asiento a que aterrice el avión.
Después de una hora, ya estaba arriba de un taxi argentino que lo depositaría en su departamento a esperar a Martín y a Laura. Estuvo todo el viaje en silencio, miraba los paisajes como si nunca hubiese visto esos lugares.
Una vez que llegó a la casa, le pidió la copia de la llave al encargado para poder entrar y milagrosa casualidad, estaban Martín y Laura esperándolo. Se fundieron en un fuerte abrazo los tres, el cual provocó lágrimas en Octavio.
Cuando se calmaron, Octavio les pidió perdón por todos los problemas que les había causado por el maldito disco y les dijo que se iba a ir a vivir al sur del país. Les comentó que una de las noches en Madrid, había utilizado el programa y sacó tres millones de dólares de un banco en Ginebra y los había transferido a otra cuenta en un banco en Bariloche a nombre de una sociedad anónima. Martín y Laura se quedaron duros, no podía creer lo que escuchaban, pero todo tenía una explicación. Octavio sacó tres millones, uno para cada uno, pero puso una condición, que se tenían que ir a vivir a Bariloche los tres. Empezar una nueva vida en el sur. Laura aceptó enseguida, no tenía ningún plan en Buenos Aires. Con un beso y un fuerte abrazo le dio el si a Octavio. A Martín le costó mas tomar la decisión, porque pensó que iba a ser un estorbo en la relación, pero Octavio le aseguró que no, que harían algo juntos y que conocerían gente nueva. Después de unos breves segundos, aceptó emprender el viaje.
El disco ya no existía, Slukubich supuestamente estaba en Europa, nadie sabía que estaban empezando una nueva vida en el sur de Argentina. Pero después de tantos problemas, es difícil encontrar la paz.